Hay una escena que se repite en muchas aulas del Perú: un niño que no para quieto, que interrumpe, que parece no escuchar. O al contrario, uno que apenas habla, que evita el contacto visual y que sufre en silencio cuando cambia la rutina. Detrás de esas conductas no hay mala voluntad ni falta de crianza: hay neurología. Y como docentes, tenemos la responsabilidad —y también la oportunidad— de hacer algo al respecto.
¿Qué es realmente la inclusión?
La inclusión no es sentar a un niño con necesidades especiales en el aula y esperar que "se adapte". Eso no es inclusión, es abandono disfrazado de buena intención. La inclusión real implica ajustar el entorno, las estrategias y la comunicación para que ese estudiante pueda aprender con dignidad y con sus pares. Y eso, en la práctica docente diaria, sí tiene soluciones concretas.
Como psicólogo y docente, he visto que los dos diagnósticos que más generan incertidumbre en los maestros son el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y el TEA (Trastorno del Espectro Autista). No porque sean imposibles de manejar, sino porque nadie nos enseñó a hacerlo en la formación inicial.
Estrategias de auxilio rápido para el aula
No se necesita ser especialista para aplicar estos ajustes. Lo que se necesita es voluntad y un poco de información:
- Anticipa los cambios: Tanto el TDAH como el TEA responden muy mal a lo inesperado. Antes de cambiar de actividad, avisa con unos minutos de anticipación. Un simple "en 5 minutos terminamos esto" puede evitar una crisis.
- Usa rutinas visuales: Un cartel con el horario del día, con imágenes o íconos, reduce la ansiedad considerablemente. El estudiante sabe qué viene después y eso le da seguridad.
- Segmenta las tareas: En lugar de pedir "termina toda la hoja", pide "resuelve solo los tres primeros ejercicios". Las metas pequeñas generan logros reales y mantienen la motivación.
- Crea un "espacio de pausa": Un rincón tranquilo —no como castigo, sino como recurso— donde el estudiante pueda ir cuando sienta sobrecarga sensorial. Esto funciona especialmente bien con el TEA.
- Habla en positivo y directo: Evita instrucciones largas y con doble sentido. "Siéntate" funciona mejor que "¿Podrías por favor dejar de moverte tanto?".
El papel de la familia y el SAANEE
Ninguna estrategia funciona sola. El trabajo con la familia es indispensable: muchos padres aún no saben que su hijo tiene un diagnóstico, o si lo saben, no entienden cómo apoyarlo en casa. Articular el trabajo con el equipo SAANEE de tu UGEL también marca una diferencia enorme, pues ellos pueden orientarte con adecuaciones curriculares específicas.